La pared de la muerte: conoce la atracción más peligrosa de la India

Estos acróbatas indios han convertido los ‘motórdromos’ estadounidenses en una exhibición que desafía la velocidad y la muerte.

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El rugido de los motores marca el inicio del espectáculo. El público se queda atónito ante las altas probabilidades de tragedia. Se reúnen alrededor del foso atraídos por el morbo y la emoción de ver cómo estos pilotos se burlan de la muerte. Coches y motocicletas dando vueltas en vertical a velocidades que superan los 50 kilómetros por hora. La adrenalina está garantizada en estas melas, ferias locales que se celebran en diferentes ciudades de India. “Los espectáculos son cortos. De hecho, duran aproximadamente 15 minutos y se suelen hacer varios a lo largo del día. El día fuerte de la feria, cuando hay más afluencia de gente, pueden hacerse unos 20 shows”, explica Erik Morales, director del documental ‘Riders of the Well of Death’ que se adentra en esta inverosímil pero asombrosa costumbre.

Los conocidos como Maut ka kuan, que se podría traducir como “Pared de la Muerte” o “Pozo de la Muerte”, se organizan en silos de madera cuyo diámetro puede alcanzar los 11 metros. Los espectadores se sitúan en una plataforma construida alrededor de la estructura para que puedan observar el interior del pozo y muchos alzan billetes para animar a los conductores a acercarse lo máximo posible al borde del recinto. “Hay accidentes, aunque no muchos. No son tan frecuentes como podría parecer. Eso sí, cuando sucede alguno es muy aparatoso ya que la seguridad es mínima”, asegura Morales. Tanto es así que en los escenarios suelen faltar tablones de madera y los conductores realizan las acrobacias sin cascos ni ningún tipo de protección. Algunos, para aumentar la emoción, se cambian de moto en movimiento.

El grueso de los pilotos procede de castas bajas y zonas rurales y tardan un mes en conseguir la habilidad y confianza necesarias para girar en una pared de la muerte. “No recuerdo la cifra exacta que cobran, pero muy poco si lo comparamos con un salario mínimo. Aunque en su contexto, ellos se consideran bien pagados”, apunta Morales. Un sueldo que les permite vivir y mantener a sus familias. “Las melas son itinerantes y suelen estar funcionando unos cinco días en cada pueblo. Los conductores viajan con el festival y en cada pueblo han de montar y desmontar el pozo. Es un trabajo duro que puede durar unos 10 días”, añade el director del documental.

Estas exhibiciones surgieron en Estados Unidos y Reino Unido como una evolución de los velódromos donde se realizaban carreras de bicis y motos

Los pocos espectáculos de este tipo que quedan en Estados Unidos, como el California Hell Riders o el American Motor Drome, son menos peligrosos que sus homólogos indios. Allí, los corredores tienen más medidas de seguridad y realizan revisiones continuas tanto de las motos como de las pistas. Rhett Giordano es uno de estos pilotos estadounidenses que ha hecho de las piruetas su forma de vida. “Empecé a montar cuando tenía unos 17 años. Es lo que elegí como profesión justo después de la secundaria”, confiesa el acróbata. Giordano participa en eventos importantes como el Sturgis Motorcycle Rally, que se celebra en Dakota del Sur, o en el festival Harley-Davidson, en Wisconsin. Además, posee su propio silo en Nueva Jersey. “Cuando estoy dentro es como si estuviera en la línea de salida de una carrera. Simplemente es súper emocionante”, afirma.

Caída en picado

Los pozos de la muerte han sido la máxima atracción de las melas durante años, pero ahora son un show en decadencia. De los grandes recintos en los que podían maniobrar hasta seis coches quedan pocos. “El interés del publico ha decrecido. Hoy en día existe mucha oferta para quien busca entretenimiento y emociones fuertes”, señala el realizador. La irrupción de Internet, las grandes películas de Bollywood o las ficciones televisivas con todos sus efectos especiales hacen que los jóvenes no sean tan fácilmente impresionables como en el pasado. Sin embargo, sigue siendo un espectáculo impactante y que corta el aliento. “Lo más fascinante es cómo un espectáculo antiguo, que versa sobre el hombre desafiando a la muerte, se ha adaptado a los nuevos tiempos y a la tecnología actual pero manteniendo su espíritu del principio”, confiesa Morales.

Aunque ahora estén menguando, los ‘motórdromos’ fueron todo un fenómeno en el siglo pasado. Estas exhibiciones surgieron en Estados Unidos y Reino Unido como una evolución de los velódromos donde se realizaban carreras de bicis y motos. Su popularidad, pese a los altos riesgos que entrañaban —en 1912 un niño fue decapitado en Nueva Jersey por una moto que salió despedida—, hizo que muchos inversores pusieran el ojo en estos circuitos que fueron mutando hasta alcanzar el formato actual. Motos, pilotos atrevidos que hacían todo tipo de piruetas, mujeres ataviadas con trajes llamativos y hasta leones como copilotos. Todo valía en estos shows que fueron la estrella de las ferias tras el crack del 29.

En Reino Unido también pueden verse aún algunas muestras como la de Ken Fox Troupe. Precisamente, es un británico quien ostenta el récord mundial de velocidad en esta modalidad. En 2016, el piloto Guy Martin logró batir el récord Guinness al alcanzar los 125 km/h en un evento retransmitido en abierto por televisión. Para conseguirlo, el acróbata tuvo que enfrentarse a los efectos de las fuerzas G, que cuando son muy elevadas producen visión de túnel, ceguera temporal y una gran dificultad para respirar. Por ello, Martin construyó un pozo de mayor diámetro que los convencionales para reducir esta fuerza y el riesgo de desmayo al volante. “En el ambiente de las ferias indias son unos héroes, admirados y respetados tanto por el público como por los trabajadores”, recalca Morales. Y fuera de ellas, no dejan de ser unos hombres que arriesgan su vida por el clamor de las masas.

**Artículo originalmente publicado en el número 52 de Vis-à-Vis. Pide tu ejemplar en papel en tienda.ploimedia.com o descarga la edición digital interactiva para iOS o Android.