¿Un sueldo por atiborrarse a comer? Analizamos los peligros del Mukbang

Youtubers que cobran más de 8.000 euros al mes por pegarse buenos atracones. Eso sí, tanta gula tiene sus riesgos.

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Comer es un placer, de eso no hay duda. Y si encima te pagan por ello, ¿qué más se puede pedir? El Mukbang, que se puede traducir como «emisión comiendo», es una moda surgida en Corea del Sur en 2011 que en los últimos años se ha convertido en todo un negocio para los más glotones. Los conocidos como mukbangers de Youtube se plantan frente a la cámara para inflarse a comer mientras interactúan con sus seguidores, comentan lo que zampan o, simplemente, engullen en silencio. También se atreven con retos hipercalóricos, como comerse todo el menú de McDonalds de una sentada o devorar paquetes y paquetes de noodles picantes. Sus canales con millones de suscriptores y visualizaciones hacen que muchos de estos creadores ingresen más de 8.000 euros al mes. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y tras este sabroso bussiness se esconden muchos problemas para la salud.

«El principal riesgo es el de descontextualizar el acto alimentario y denotarlo de una perspectiva de espectáculo que nunca debería tener», explica el nutricionista y biólogo Juan Revenga. Aunque hay muchos más peligros. Además del evidente aumento de peso y la alta probabilidad de obesidad, las grandes comilonas cuatriplican el riesgo de infarto, causan dolores de cabeza e insomnio, alteraciones menstruales y pueden provocar diabetes tipo II y enfermedades cardiovasculares. «Otro riesgo más inmediato es pensar que, como a este persona supuestamente no le ha pasado nada, nosotros lo podamos hacer y no nos pase nada. Y teniendo en cuenta que muchos de estos actos son auténticas burradas, estadísticamente hablando habrá un número de personas a las que sí que les pasará algo», añade el nutricionista, autor del libro ‘Adelgázame, miénteme’.

«Puede resultar excitante y provocativo ver a alguien excediéndose en los límites», Leticia Galeón, psicóloga

Además, por una mera cuestión de supervivencia, nuestro cuerpo está predispuesto a hacer acopio de las máximas calorías que podamos. «Nuestro metabolismo está adaptado al dicho de carpanta, el de reventar antes de que sobre. Entonces, si tenemos comida a nuestra disposición y alguien nos anima a ponernos gochos, estamos adaptados a engordar y a engordar», indica Revenga. Por ello, nos es más sencillo engordar pero a la hora de perder peso nuestro cuerpo se resiste. «Nuestro peso está genéticamente condicionado y es relativamente difícil de cambiar, salvo que sea para engordar. Es decir, que una vez que hemos engordado, nuestro cuerpo considera que ese peso alto es nuestro peso. Incluso cuando hayas adelgazado 15 o 20 kilos, tu cuerpo va a seguir años después luchando por buscar aquel peso que sigue considerando su peso», advierte el experto.

Artistas del atracón

Uno de estos comilones que atesoran millones de seguidores en Youtube es Nicholas Perry, mejor conocido como Nikocado Avocado. Este joven ucraniano criado en Estados Unidos tiene tres canales de Youtube y pasó de ser un adolescente vegano a meterse atracones dignos de campeonato que le han hecho engordar notablemente. Muchos de sus vídeos los propone como retos en los que gasta 100 dólares en distintas cadenas de restaurantes e intenta devorar todo lo comprado. «En la cultura estadounidense, la comida basura está muy integrada en su estilo de vida diario. El carácter norteamericano es competitivo, aunque en muchas ocasiones en cosas absurdas o que puedan albergar algún riesgo, como es el caso de los concursos de comida», apunta Leticia Galeón, psicóloga general sanitaria y nominada a los premios Doctoralia Awards como psicóloga más reconocida de España.

Pero más allá del componente de superación, tras el auge del Mukbang hay un problema social de aislamiento y soledad. La cuarta parte de Corea del Sur, donde surgió esta tendencia, vive sola y muchos ven como un estigma y tabú el hecho de comer solos. De esta forma, en una sociedad tan cibernética, comenzar a emitir en directo mientras almuerzas o cenas se convierte en una aparente solución. Y, claro está, la pasión por la comida de muchos también juega a favor. «Muchas personas que experimentan un gran deseo por la comida pueden sentir satisfacción a través de ver comer a otros. Puede resultar excitante y provocativo ver a alguien excediéndose en los límites», añade la psicóloga.

«En cuanto a los deseos no hay normas y no es conveniente caer en la patologización», Lara Herrero, socióloga y sexóloga

Asimismo, además de placer, a muchos les relaja consumir este tipo de vídeos. Esto se produce cuando los mukbangers intensifican los sonidos propios de la acción de comer y estimulan lo que conocemos como Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma —ASMR por sus siglas en inglés—. «Este fenómeno no es experimentado por todo el mundo. Hay personas a las que no les produce nada o les resulta incómodo pero, por el contrario, hay un alto porcentaje de la población que puede relajarse, dormir o experimentar una sensación placentera. Muchos mukbangers ponen atención a las ASMR para ampliar la sensación de placer, conexión y de cercanía», explica Galeón.

En algunos casos, incluso, llega a haber un componente sexual. «En cuanto a los deseos no hay normas y no es conveniente caer en la patologización –a no ser que suponga una dificultad o genere problemas para la
persona deseante–. En este sentido, el Mukbang podría resultar excitante para ciertas personas. Por ejemplo, hay algunas que se excitan esparciendo comida por su propio cuerpo o el de sus amantes, lo que se conoce como sploshing. Algunas lo lamen después, otras simplemente lo vierten y existen personas a las que lo que les excita es destrozar dichos alimentos», afirma la socióloga y sexóloga Lara Herrero. «Alguna de estas prácticas también son conocidas como ‘sitofilia’, que podrían ampliarse a relaciones donde lo excitante es ver como come otra persona. También podemos ver ejemplos de este tipo en el cine, videoclips o anuncios, donde se simulan prácticas eróticas comiendo, lamiendo o chupando alimentos», añade.

La youtuber Ssoyoung ha desatado la polémica con sus vídeos en los que tortura y, en algunos casos, come animales vivos

Un entretenimiento de alto riesgo

Sin duda, esta moda foodie tiene tantos seguidores como detractores, y no es para menos. Además de los riesgos nutricionales y físicos ya mencionados, este fenómeno puede causar serios problemas psicológicos. «Puede causar trastornos alimentarios tanto para el que lo ve como para el que lo practica. Alguien que vea esos vídeos puede incitarle a comer más y peores alimentos al querer imitarlos. Pero también puede generar rechazo a ese tipo de comida o a la comida en general», destaca la psicóloga. De hecho, muchos pueden acabar viendo la comida como una solución a la ansiedad, la depresión y la soledad, desarrollando un carácter compulsivo hacia ella. «Pueden generar adición a la comida o verlo como una nueva vía de escape para el malestar. También podría llegar a hacer que se identifiquen con ello y lo conviertan como en su seña de identidad y parte de su autoestima», añade.

Y más allá de los problemas físicos y psicólogos que puede originar, el Mukbang se gana muchos enemigos por las polémicas de mukbangers como Ssoyoung. Esta youtuber surcoreana ha desatado la polémica en Youtube con sus vídeos en los que tortura y, en algunos casos, come animales vivos. Empezó en diciembre de 2018 y tiene ya más de 3 millones de seguidores. Uno de sus vídeos más vistos es uno en el que se come a mordiscos un calamar vivo, mientras que en otros muchos se ve cómo apalea o acuchilla anguilas y peces. Muchos youtubers y asociaciones animalistas le acusan de lucrarse con el dolor de estos animales y ya están iniciando campañas para que Youtube la vete. Pero, por el momento, sigue sumando seguidores, como otros muchos mukbangers. Parece que la pasión por la comida no conoce límites.

Imagen apertura: canal de Youtube de Sulgi

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