María Hesse: “En España no hay cultura del diseño ni de lo artístico”

La conocida ilustradora y escritora acaba de publicar 'Malas Mujeres', un libro en el que cambia la visión de las mujeres en la historia.

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Sus dibujos son su mejor carta de presentación. María Hesse (1982, Huelva) se ha expresado a través de los trazos desde que tenía seis años y sus biografías sobre Frida Kahlo, Marilyn Monroe o David Bowie la han convertido en una de las ilustradoras más famosas de nuestro país, con más de 177.000 seguidores en Instagram. Después dio el salto a los ensayos con ‘El Placer‘, una reflexión sobre el sexo y el placer femenino. Ahora, la artista andaluza quiere hacernos pensar sobre los arquetipos femeninos en torno a los que hemos ido creciendo con ‘Malas Mujeres‘.

Acabas de publicar ‘Malas mujeres’, un libro en el que das una vuelta de tuerca a esa visión de las mujeres en la historia. ¿Es un ajuste de cuentas con la narrativa universal masculina?
Más que un ajuste de cuentas es un intento de comprender de qué lugar venimos, el poder que tiene el cómo se cuentan las historias y cómo podemos transformar esa narrativa.

¿Cómo sería todo si las mujeres hubieran tenido voz desde el principio?
Hubiera sido todo más diverso y justo. Todo sería muy diferente y a Juana La Loca no le diríamos la loca, sino Juana de Castilla —ríe—. ¡Claro que hubiera cambiado! Mira, ahora hay un movimiento muy grande de autoras y esa narración hace que cambie el contexto, igual que el contexto cambia la narración. Es súper importante manifestar cómo nos sentimos y cómo queremos entender el mundo, que es algo que ya hacían otras mujeres antes como Virginia Woolf.

“Ninguno queremos reconocer que ejercemos opresión sobre otros”

¿Te cansa que te encasillen en una continua reivindicación feminista?
Bueno, con Bowie no me lo hicieron pero porque era un hombre —ríe—. Evidentemente, tengo una perspectiva del mundo y una visión que se nota en mis libros, pero cualquier autor también la tiene y no se lo preguntan, entonces, sí que cansa. Es verdad que en libros como ‘El placer’ o ‘Malas mujeres’ tiene más sentido, porque ahí sí que hay un estudio de género, pero lo intentan meter siempre y llega un momento que satura. Mi trabajo es más amplio.

Todas las malas mujeres que citas tienen en común la decisión, la ambición, la valentía y la rebeldía de luchar por lo que quieren. ¿El poder y valentía femenino dan miedo?
Da miedo perder privilegios, pero da miedo a todas y a todos porque los privilegios, además, existen sobre género, raza y clase. Creo que ninguno queremos reconocer que ejercemos opresión sobre otras personas y nadie quiere perder el estatus que tiene aunque no sepa nombrarlo. A lo mejor, por el nombre que tiene que es patriarcado, machismo, racismo…

¿Cómo fue la selección de todas estas malas mujeres? ¿Has alcanzado las expectativas que un libro así requería?
¿Las expectativas mías o del público? —ríe—. Yo he intentado hacerlo lo mejor que he sabido y podido. Al final, hay muchas mujeres que se me han quedado fuera porque es un libro que debe tener un límite. Creo que ya aparecen muchas y se comprende el mensaje, pero no sé, es verdad que soy muy exigente y siempre pienso que podría haberlo hecho mejor.

“Siempre me preguntan por el texto, las ilustraciones parecen algo secundario y no lo es”

Sensibilidad a trazos

Tus ilustraciones luminosas te han convertido en una de las ilustradoras más populares de España. Como otros muchos ilustradores, ¿sigues luchando porque tu trabajo se pague como toca o la fama ya hace justicia con lo económico?
Es verdad que con la parte económica ya no tenga esa lucha y en ese sentido sí soy afortunada. Pero sí que tengo esa lucha gremial y colectiva porque soy consciente de que tengo privilegios por mi posición. Por eso apoyo a todos mis compañeros y compañeras porque sí que es un sector muy precario y despreciado. De hecho, cuando hago un libro casi siempre me preguntan por el texto, las ilustraciones parecen algo secundario y para mí no lo es. Como mínimo, está al mismo nivel que el texto.

¿Y por qué crees que es tan precario este sector?
Pues porque en España no hay cultura del diseño ni de lo artístico. Esto se ve desde las escuelas, en las que todas las enseñanzas artísticas son una hora suelta que se da sin darle la importancia que tiene ni explicarse bien. Es como algo que está ahí para entretener, ni siquiera secundario. Si educas a la gente en la importancia que tiene y les muestras que es un trabajo todos seríamos más felices. El dibujo ayuda muchas veces a nivel personal, a la resolución de conflictos, a la hora de estudiar… Y para ello hay que colocarlo, culturalmente, en el lugar que se merece.

“El dibujo ayuda muchas veces a nivel personal y a la resolución de conflictos”

Cogiste tu apellido artístico de Hermann Hesse al leer ‘Demian’. ¿A día de hoy volverías a cogerlo o hay otros autores que te marquen más?
Claro, ahora hay sobre todo autoras que me marcan más, aunque también supongo que, a día de hoy, habría dejado mi apellido real. Lo que pasa es que en su momento empecé a usarlo en la universidad cuando aún no tenía claro ni si iba a ser ilustradora. Cuando llegó el momento de firmar de una forma con más consciencia, es verdad que la sonoridad de María Hesse me gustaba y dije: “Para adelante, sigue con él”. Pero como te digo, ahora tengo autores que me gustan más y, probablemente, hubiera mantenido mi apellido real.

Padeces dislexia y ya has publicado cinco libros. ¿Cómo la afrontas a la hora de escribir? ¿Realizas primero el texto o las ilustraciones?
Me daba mucho más miedo el texto, claro, pero lo afronto sabiendo que luego tengo a alguien que me va a corregir —ríe—. Los artículos que a veces escribo se los paso siempre a mi pareja para que me corrija faltas de ortografía o palabras que cambio de lugar. A veces hago cosas raras, no tanto a nivel narrativo, pero sí que la lío y meto la pata y digo: “¡Qué vergüenza, si encima soy escritora!”.

¿Y el texto te inspira para las ilustraciones o ya tienes todo pensado al empezar?
No, no. Antes sí que iba más alternándose y, a veces, escribía primero el texto y otras, la ilustración, pero en libros como ‘Malas mujeres’ es muy difícil ilustrar antes de escribir porque tiene un estudio muy grande de contenido y primero necesito definir. Tiene mucho trabajo, documentación y organización porque este libro era, también, muy difícil por el cómo iba hilando una mujer con otra, qué hilo conductual le daba y si lo ordenaba por estereotipo o por momento histórico.

“En libros como ‘Malas mujeres’ es muy difícil ilustrar antes de escribir porque tiene un estudio muy grande de contenido”

Empezaste tu trayectoría literaria en 2016 con ‘Frida Kahlo. Una biografía’. He leído en varias entrevistas que en ese momento no tenías una consciencia feminista. ¿Cómo has ido construyendo esta consciencia?
Pues hablando con las amigas, leyendo muchísimo, viendo documentales… Cuando te interesa algo, vas creciendo. Y autoras que me han marcado muchísimas, mencionaría a Gloria Steinem, pero no sería la única, claro. Hay muchísimas, no hace falta que sean escritos feministas pero, desde luego, ensayos feministas he leído muchísimos y en ‘El placer’ aparecen en la bibliografía.

¿Continuarás tu obra con la vida de otros personajes históricos o te planteas dar un salto a la ficción u otro género en el futuro?
Bueno, yo ya hice el salto. Aunque aquí hablo de muchas mujeres, no es una biografía, y ‘El placer’ tampoco era la biografía de un personaje famoso, aunque luego aparecieran nombradas muchas mujeres. El siguiente libro no es una biografía ni ensayo, no puedo contar nada aún porque tengo la idea pero no sé muy bien cómo lo voy a hacer. Es cierto que, aunque no cierro la puerta, biografías como la de Frida, Bowie o Marilyn de momento están encajadas porque no me apetece mucho hacerlas. Me apetecen más hacer otras cosas.