Así es el primer museo digital (y sin fronteras) del mundo

¿Eres fan del universo 'Blade Runner'? Pues he aquí una exposición japonesa que parece sacada de la mente de Ridley Scott.

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La realidad virtual avanza a pasos agigantados y, por si alguien tenía dudas de que el futuro ya está aquí, esta muestra de arte digital viene dispuesta a cerrar bocas. Hasta el más escéptico se quedará estupefacto frente al despliegue tecnológico del MORI Building DIGITAL ART MUSEUM. La isla artificial de Odaiba, en Tokio, acoge la colección Borderless Art, dedicada a la cultura y el paisajismo nipón pero desde una perspectiva dinámica y virtual. Con 500 ordenadores y 470 proyectores, la muestra marca un antes y un después en la historia del arte al incluir al público dentro de la propia obra. Un total de 10.000 metros cuadrados en los que perderse y dejarse llevar por este universo onírico de luz y sonido.

Tras esta iniciativa está el colectivo de arte digital TeamLab y la empresa Mori Building, que buscaban romper la barrera entre obra y espectador para hacer un espectáculo totalmente interactivo. ¿El resultado? Cinco plantas con espacios tridimensionales donde el juego de colores y sonidos, junto a los efectos ópticos, hacen que abramos nuestra mente a nuevos conceptos y formas.

El museo, el primero a escala real dedicado al arte digital, ha tardado tres años en construirse y tiene un total de 50 obras permanentes en las que trabajan más de 500 personas. Durante el tour, el visitante es acompañado por elefantes, canguros y leones de gran realismo mientras interactúa con el entorno. Pero, además, puede modificarlo a través de una aplicación descargable para móviles.

Desde una cascada gigante o un campo de lámparas hasta un viaje espacial y una inmersión bajo el oleaje marino. Las posibilidades son tantas que nos queda claro que la imaginación no tiene límites. El pase medio cuesta 25 euros y no solo será un regalo para la vista y el oído, sino que durante la visita se puede tomar un té mientras decenas de flores caen sobre la taza o trepar y deslizarse por pasarelas. Toda una aventura en tres dimensiones y para los cinco sentidos. Esto solo podía pasar en Japón.