El hombre que amaba a las abejas

El protagonista de este reportaje es proclive a la reinvención y tiende a hacer algo que nadie se espera. Ahora entenderás por qué.

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Dale Gibson (Londres, 1957) ingresó en la Universidad de Cambridge para estudiar Filología Francesa y Alemana pero, tras licenciarse, decidió dar un nuevo rumbo a su vida al abandonar las letras para trabajar de stockbroker —corredor de bolsa— en la City de Londres. Y el 23 de diciembre de 2016 decidió emprender el segundo y definitivo giro de su vida, esta vez aún más radical que dejar el estudio y desarrollo de la lengua por el distrito financiero. Aquel día abandonó las finanzas para entregarse a tiempo completo a la cría de abejas. “No quería ser uno de esos trabajadores de las ciudades que mueren en sus escritorios. Estaba a finales de mis 50 y me pregunté: ‘¿Quiero pasar los próximos 10 años haciendo lo mismo que he estado haciendo los últimos 35?”. La respuesta fue ‘no’”, confiesa Gibson.

Aunque parece difícil imaginar cómo un hombre de negocios acaba entregándose a la apicultura, la motivación surgió fruto de una casualidad. “En 2006, nos mudamos a una casa de cuatro pisos en Bermondsey —un barrio ubicado al sur de Londres y delimitado por el Támesis—. Por las características de la construcción, la terraza no era útil ni para tomar el sol ni para usarla como jardín. Un día vi a una abeja alimentándose de una flor y me vino a la cabeza: ¡Tal vez podría criar abejas en la terraza!”, recuerda el británico.

De esta forma, Dale Gibson estuvo más de una década compatibilizando el frenetismo de la City con la laboriosa tarea de cuidar de sus colmenas. Después vinieron los cursos de apicultura y la fundación de su empresa Bermondsey Street Bees, dedicada al cuidado de colmenas propias y de clientes privados —actualmente, es responsable de 100—, a la venta de miel artesanal, a la consultoría para chefs y empresas, a la redacción de materiales educativos y al desarrollo de políticas sostenibles respetuosas con las abejas. Su entrega y dedicación le han granjeado grandes éxitos. Su miel ha obtenido las tres estrellas de la Great Taste Awards y ha sido incluida en el Top 50 Foods de Reino Unido. Además, Dale Gibson fue distinguido, en 2016, con el galardón al Pequeño Mejor Artesano de Reino Unido.

El trabajo de este entregado apicultor puede no considerarse una labor más destacable que otra, pero el caso es que es más necesaria que nunca. Los insecticidas están aniquilando a las poblaciones de abejas en todo el mundo y se calcula que en los últimos años su población ha desaparecido entre un 20 y un 25%. Unas cifras bastante alarmantes teniendo en cuenta que el 70% de los principales cultivos para consumo humano dependen de la polinización de las abejas. Por eso, hay que celebrar que el esfuerzo de Dale por crear un entorno amigable para estos insectos ha empezado a dar frutos. De acuerdo con cifras oficiales, hay 3.500 colonias de abejas en un radio de 10 kilómetros de su apiario, lo cual equivale a la mayor densidad poblacional de estos insectos que hay en Europa y, muy posiblemente, en el mundo.

Abejas capitalistas

Toda esta aportación al futuro de la humanidad cuenta con la inestimable ayuda de su esposa —pese a ser alérgica a las picaduras— y de un grupo de trabajadores que comparte su preocupación por el cuidado de estos insectos. “Me niego a idealizar una simple decisión de estilo de vida. He dejado de ser un engranaje de un sistema, pero el caso es que las abejas no son tan diferentes de los capitalistas. Pregúntale a cualquier apicultor sobre la tendencia de las abejas de las colmenas fuertes a robar la miel de las colmenas más débiles. Las abejas son cruciales para el medio ambiente, ¡pero no se debe a que sean altruistas!”, sostiene.

Sea como sea, es un hecho que la vida de este ex stockbroker y actual beekeeper ha dado un giro radical. “Cuando trabajaba en la ciudad me levantaba a las 5.20 AM y estaba en mi escritorio a las 7; tenía una semana laboral de cinco días. Ahora que soy un apicultor urbano, me levanto a las 6.30 AM, corro alrededor del Támesis y comienzo mi bee-day a las 9; tengo una semana laboral de seis días y medio”, confiesa. Pero no se queja. “En la City, la rutina diaria nunca cambiaba. Ahora mi trabajo está mucho más en sintonía con las estaciones: en verano paso todo el día con la cabeza metida en una colmena. En invierno, leo nuevas investigaciones sobre abejas, redacto documentos de consultoría y organizo al equipo para el próximo año. En primavera, preparo nuevas colmenas y ayudo a las abejas a tener nuevas abejas reinas. En otoño, extraigo la miel excedente de las colmenas, dejando a las abejas grandes reservas para que puedan sobrevivir en invierno y, a principios de la primavera, presento la miel en competiciones y visito a otros apicultores para intercambiar comentarios sobre la temporada que acaba de terminar”, detalla. Sin duda, un pequeño y dulce gesto que puede ayudar a cambiar, por poco que sea, el mundo.

Con la miel en los labios

Sus productos están disponibles en tiendas seleccionadas y todos los sábados en el mercadillo de Maltby Street de Londres. Toda la miel es cruda, no procesada, y también suministran panales enteros a petición especial.

 

*Artículo originalmente publicado en el número 51 de Vis-à-Vis. Pide tu ejemplar en papel en tienda.ploimedia.com o descarga la edición digital interactiva para iOS o Android.