Cristina Pardo: “Los políticos imputados son interesantes para irse de copas”

Se ha convertido en el dolor de cabeza de más de un político y nuestro ojo clínico nos indica que, por el momento, no hay solución que lo alivie.

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Se enamoró del periodismo escuchando a José María García en la radio, se dio a conocer tras sustituir a Ferreras en el programa de LaSexta ‘Al rojo vivo’ y ahora tiene el suyo propio en esa misma cadena. Cristina Pardo (Pamplona, 1977) no es monitora de spinning, pero se ha hecho experta en hacer sudar la gota gorda a nuestros políticos. Tras su flequillo indomable y sonrisa permanente se esconde una periodista mordaz que combina la ironía y el juego de palabras como pocas. Le damos de su propia medicina para comprobar si es tan buena respondiendo como preguntando.

Has pasado de dar las noticias a ser noticia. ¿Qué te parece?
Eso es subjetivo porque yo no escribo un tuit para ver si me sacan en algún lado. Tampoco pongo mi nombre en Google. Mi padre alguna vez sí y sufre mucho, entonces no compensa. Le digo: “Papá deja de buscar, porque un día te vas a llevar un soponcio y un disgusto que no merece la pena”. Me acaba condicionando. Si mi padre encuentra un artículo que dice que mi programa es una mierda o que mis entrevistas son demasiado incisivas, llega el domingo y digo: “Ay madre, qué dirán luego”. Prefiero no leer nada sobre mí.

¿En qué momento te das cuenta de que las cosas que dices tienen repercusión?
Hace tiempo, cuando cubría la información del PP. Me llamaban y decían: “Joder, menudo tuit que has puesto”. No entendía nada. Ahí empecé a sentir que lo que decía tenía más importancia, pero no la suficiente como para interesarle a alguien. Lo que digo es porque me apetece decirlo, no para ver si me leen o gano likes. No me considero ninguna influencer y, desde luego, en las movidas de la ropa muchísimo menos —ríe—.

¿Te pasas mucho tiempo pegada al móvil?
Hombre, si trabajas en informativos, bastante, sí. A las redes sociales no. Es verdad que soy muy activa pero luego Instagram se me olvida que lo tengo y Twitter lo llevo por épocas. Odio las tecnologías, no sé hacer nada. No veo Netflix en la televisión porque no sé ponerlo, lo tengo en el iPad y además es que no me interesa aprender —ríe—. Nunca me he leído un libro de instrucciones y la mitad de aplicaciones que tengo en el móvil no sé para qué sirven.

¿Ha inventado Ferreras el show político?
No sé si lo llamaría así —ríe—. Yo diría que ha aplicado el carrusel deportivo a la actualidad política. Es un tipo que le imprime mucha emoción a todo lo que hace, de hecho, hay veces que estás con él en la mesa del plató y de pronto dice tu nombre y pegas un salto de la silla. Te da como una angina de pecho. Yo siempre digo que dentro de unos años podré decir: “Yo trabajé con Ferreras”. Ha hecho de su peculiaridad una virtud.

Te gusta poner a los políticos contra las cuerdas pero, ¿podrías llegar a pasar por uno de ellos?
No. Yo soy una persona poco disciplinada y creo que no llevaría bien estar en el centro de atención continuamente. Al final, si te metes en la política es un desnudo integral y hay que tener cuerpo para poder sobrellevar eso. De la política lo único que me interesaría es apagar fuegos. Como cuando Esperanza Aguirre aparcó en medio de la Gran Vía —bromea—.

Definitivamente, la realidad está superando a la ficción.
La vida política española en los últimos tiempos ha sido bastante surrealista y ha dado para varios capítulos de ‘House of Cards’. En el Partido Popular, que es al que mejor conozco y quien ha gobernado los últimos años, Soraya Sáenz de Santamaría sería la protagonista. Es una persona a la que el entorno de Cospedal atribuye las filtraciones sobre su marido y el de Núñez Feijóo las fotos con el narco. Hay un trasfondo de cosas de las que nosotros, probablemente, conozcamos la mitad de la mitad.

Terremoto informativo

¿Crees que la corrupción terminará en algún momento?
Yo creo que no porque al final la tentación es muy fuerte y la sufren las personas que están en primera o segunda línea. Además, el listón está cada vez más alto y lo que hace diez años se veía medianamente bien ahora se ve fatal. Por lo tanto, creo que los políticos deben tener un plus de ejemplaridad que no todos alcanzan y, por lo tanto, la corrupción desgraciadamente continuará.

Con este panorama, será difícil tener amigos en política.
Amigos no —ríe—. Yo llevo mucho tiempo cubriendo la información del PP y hay gente con la que me llevo mejor que con otra. Los amigos de verdad los tienes fuera y, por regla general, suelen ser pocos. Pero, evidentemente, el trato cercano hace que se creen vínculos afectivos, si no seríamos robots. Lo verdaderamente importante es que eso no afecte a la hora de analizar los comportamientos de esas personas.

De todos ellos, ¿con quién te irías a tomar una caña al salir de la redacción?
Me iría a tomar cañas con casi todos porque creo que de todo se puede sacar algo positivo y divertido. Pero es verdad que los imputados son un perfil bastante interesante para irse de copas y hacer una entrevista.

Sin embargo, más de uno se lo pensaría por aquello de recibir un zasca.
Seguro que alguno se lo pensaría, eso me hace sentir bastante bien —ríe—. Lo que no me gusta es eso del zasca, porque parece que quedas por encima de alguien. A mí me gusta el tiki taka. Ahora en ‘Liarla Pardo’ —que recientemente ha estrenado su segunda temporada— sí me pasa que el público tiene reacciones espontáneas y eso me hace sentir un poco rara. Cuando le pregunté a Magdalena Valerio, la nueva Ministra de Trabajo, por una cosa buena que hubiera hecho Mariano Rajoy, ella me respondió: “Marcharse”. La gente aplaudió y yo me sentí extraña.

¿Cuál es la pregunta que más te ha costado formular?
No te diría una pregunta en concreto, sí te diría alguna de esas que vas a soltar y dices: “Ay madre”. Al ex Ministro de Economía, De Guindos, le pregunté si él tenía una cuenta en un paraíso fiscal y a Dolores de Cospedal le planteé si fue ella quien ordenó destruir los discos duros. Son preguntas que tienes que hacer, pero que cuando llega el momento dices: “Me va a tirar el atril”.

Héroes, villanos, buenos y malos

La realidad política muchas veces supera a la ficción. Por eso, hemos querido que Cristina Pardo nos diga qué políticos serían los protagonistas de nuestras series favoritas. Algunas respuestas te dejarán sin aliento.

Luis Bárcenas es…

“Se trata de una persona que, aunque ahora está callada y en la cárcel, murió matando. Su partido le asesinó y creo que todavía pueden pasar muchas cosas”

Soraya Sáenz de Santamaría es…

“Es una persona que hizo todo lo posible para eludir cualquier polémica y el partido no se lo perdonó. Ha ido dejando muchos enemigos por el camino”

Inés Arrimadas es…

“No porque lo piense, sino por el discurso de autosuficiencia que ella vende de sí misma”

Iñigo Errejón es…

“Las batallas internas que libra las pierde todas. Ahora en las elecciones autonómicas no sé qué pasará pero, desde luego, en su partido ha perdido todo”

*Artículo originalmente publicado en el número 51 de Vis-à-Vis. Pide tu ejemplar en papel en tienda.ploimedia.com o descarga la edición digital interactiva para iOS o Android. 

Fotografía: Lupe de la Vallina