Beatriz Luengo: “En el mundo de la composición urbana son muy machistas”

La cantante nos habla de las consecuencias físicas y emocionales de su paso por 'UPA' y de su lucha por recuperar el alma musical.

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Alcanzó el éxito con apenas 18 años, pero por enésima vez vuelve a empezar de cero. Tras más de 20 años de carrera, ocho nominaciones a los Grammy y cinco discos, Beatriz Luengo (Madrid, 1982) aún sigue siendo para muchos Lola de ‘Un paso adelante’. Le proponemos que nos hable de cómo el paso del tiempo le ha marcado el cuerpo y el alma, dos elementos indivisibles que dan título a su último disco.

¿La etapa vivida en ‘Un paso adelante’ es la que más te ha dolido en el alma?
Ha sido la más difícil de mi vida. Conocí la fama apenas siendo mayor de edad, con unas canciones que jamás elegí y en un formato donde ninguno éramos conscientes de lo que iba a pasar. Cuando nos enseñaron Sámbame y Morenita nos morimos de la risa. Pero de repente estábamos sonando en la radio y nos invitaron, por decirlo de forma elegante, a hacer una gira. Yo me quería morir cada día porque sentía que estaba siendo desagradecida. Lo único que pensaba era en cómo iba a ser capaz de salir de eso. No lo disfruté.

Y, a nivel físico, ¿te llegó a pasar factura?
Sí, tengo una lesión en una ingle que no me dio tiempo a curar por el ritmo de los rodajes. Después, tuve una lesión mal curada en el cuello y eso derivó en dos años de vértigos y mareos. Calentábamos al principio de las temporadas porque luego no había tiempo. 
Fue un equipo muy profesional de una serie espectacular, pero estaban acostumbrados a trabajar con actores y ‘Un paso adelante’ era otra cosa. No teníamos a nadie que nos defendiese por ese lado.

“Cada vez que enseñaba a la discográfica temas para mi disco, muy personales y muy autobiográficos, me los proponía para otros artistas”

Entonces, hacer algo que no te llenaba el alma resultó duro.
Sobre todo cuando lo que quería hacer era cantar y componer. Para mí la interpretación es algo complementario, pero no vocacional. Sin embargo, para mis compañeros, Miguel Ángel Muñoz y Mónica Cruz, con los que sigo manteniendo contacto, no fue tan traumático como para mí. También pensé que ‘UPA’ vino a cargarse algo que yo sentía que estaba consiguiendo por mi cuenta. Yo entré en la serie con mis demos, con un productor y estaba a punto de firmar con Universal mi primer disco. En mi mente tenía claro que lo podía hacer totalmente por separado, como Leonor Watling que era para mí un referente máximo de ser actriz y cantante. Pero de repente no era lo mismo, claro (risas).

¿Qué hiciste para volver a recuperar tu alma musical?
Rompí con mi anterior sello y me fui fuera a trabajar y a empezar de cero, con lo que eso suponía. Después logré firmar con Sony en Estados Unidos, pero de repente pasé de un apoyo gigante a estar otra vez con una sensación de indie, que es muy guay, pero te toca hacer todo. Durante ese tiempo me puse a componer para otros artistas como Daddy Yankee, Diego Torres, Rubén Blades, Ozuna, Wisin y Ricky Martin, pero ha sido muy agridulce. Por un lado ha sido genial a nivel aprendizaje, pero por otro muy duro, porque cada vez que enseñaba a la discográfica temas para mi disco, muy personales y muy autobiográficos, me los proponía para otros artistas.

Mordisco a mordisco

Luego te fuiste a Francia a empezar de cero. ¿Qué hay de cuerpo y alma en tu trayectoria musical?
Estoy segura de que todo lo que he conseguido a nivel profesional tiene que ver con mi terquedad a la hora de haberme sentido muy subestimada y muy poco valorada. La gente hasta hace un año no sabía que cantaba, componía y que tengo ocho nominaciones a los Grammy. Irme de España y luego volver me ha hecho estar más segura de mí y, por lo menos, ya no voy pidiendo perdón todo el rato.

¿Empezar de cero tantas veces te ha llegado a agotar física y espiritualmente?
Empezaría de cero mil veces pero, siendo honesta conmigo misma, si tengo que pedir un deseo ahora mismo pido continuidad, sacar un disco y reconectar con toda esa gente que me ha visto crecer todos estos años. Me da pavor empezar otra vez de cero, después de cinco discos y de tanta lucha.

¿Te duele en el corazón no haber cantado La Mordidita?
Hay que ser humilde, no creo que La Mordidita cantada por mí hubiera tenido el billón de views que tiene. Es Ricky Martin y todo lo que conlleva. Si hubiera sido yo quien lo cantara, en lugar de escucharse en Australia o Arabia Saudí lo escucharía mi prima y en mi barrio —ríe—.

Es raro que haya canciones con alma femenina en la música urbana, ¿no?
En el mundo de la composición urbana son muy machistas. A mí me reprochan que le busco a todo un lado emocional de las cosas. Una vez me fui de una sesión porque estaban haciendo una canción para Becky G, que gracias a Dios no la cogió, en la que el coro decía: “Quiero que me mojes con tu manguera toda la noche entera”; y les dije: “¿De verdad que todo lo que tenemos que decir como mujeres es esto?”. Hay que hablar de la sexualidad, ese no es el problema, pero tenemos que ser capaces de plantear una sexualidad donde la que disfruta es la mujer,
 hablar de lo que me da placer a mí. Por eso estoy contenta con temas como ‘Caprichosa’ y ‘Postureo’, porque es una manera de decir que soy yo la que decido cómo hacer las cosas. Otro machismo que sufro es que para componer para muchos artistas tengo que envolverme en la figura de mi chico. Hay gente que me ha cuestionado y dice que son las canciones de Yotuel -líder del grupo Orishas- y encima me lo dice una mujer. De cien canciones que he compuesto, con él sólo he hecho ocho. Hay que hablar de ello y hay que cambiarlo. Pero también soy de las que piensa que el feminismo se disfruta y no se sufre, por eso hay que buscar las vías para exponerlo en el mismo escaparate en el que ellos consumen.

“Quiero que, por fin, me vaya bien para poder decirles a algunos productores que no tengo las tetas grandes y que no he tenido que enseñarlas”

¿Te molesta que en la música urbana importe más el cuerpo que el alma de la mujer?
Hay productores que te dicen que para ser urbana tienes que ser nasty (sucia) y tener pecho. Quiero que, por fin, me vaya bien para decirles que no tengo las tetas grandes y que no he tenido que enseñarlas.

¿En qué estilos musicales pones más el alma y en cuáles más el cuerpo?
Para lo primero me pongo mucha música brasileña en casa. Pero también me gusta mucho Norah Jones, Damien Rice y el reggae. Y para lo segundo me gusta mucho J Balvin, Bomba Estéreo, ChocQuibTown, Orishas, Residente, Sean Paul y mucha playlist.

Y, ¿ser madre ha sido la experiencia que más te ha marcado?
Totalmente, me ha sacado un instinto animal. Como la vida me ha dado éxito con 18 años, creo que le cogí miedo a triunfar y todas mis rarezas, como no dejar que un determinado artista se metiera en mis canciones, han sido porque en el fondo tenía miedo. Por eso entiendo que la industria me haya dado la espalda, porque he sido muy anárquica y no me he dejado aconsejar. Pero ha venido mi hijo y quiero que cuando crezca la gente pueda decirle que di lo máximo de mí. Al final, la conclusión es que mi carrera ha sido una mezcla de que la industria no me ha dado la oportuni dad y que me he hecho bastante boicot sin darme cuenta.

*Artículo originalmente publicado en el número 51 de Vis-à-Vis. Pide tu ejemplar en papel en tienda.ploimedia.com o descarga la edición digital interactiva para iOS o Android.